El Rancho de San Ysidro

Los cuatro gatos que conocen esta bitácora (cuatro estupendos gatos cuya atención me honra, no se me malinterprete) notarán que ha sufrido algún que otro cambio. La razón de estos es que la finalidad de este espacio es distinta. En un principio era un lugar donde podría opinar de cuestiones en las que no tengo la más mínima autoridad. Ahora seguiré haciendo eso, por aquello del «genio y figura..,» pero además será un lugar para que pueda seguirme quien quiera en las aventuras y desventuras que seguirán mi mudanza a León el próximo Julio en mi intento de hacerme agricultor. Es decir, de opinar sobre cosas de las que no sé nada pasaré también a hacer cosas que no tengo ni idea cómo hacer. Por eso he decidido llamar mi granja el Rancho de san Ysidro; como no sean los ángeles quienes se ocupen esto va a ser interesante.

A los pocos que no supieran aún cuáles eran mis planes, y a alguno que los conociera, podrá surgir la pregunta de por qué diantres me voy. Parece que no me decido a hacer nada en concreto: peregrino de carrera en carrera, de asociación en asociación y de casa en casa al parecer sin ton ni son. Sin embargo mi objetivo en todos los casos ha sido el mismo, aunque el medio por el cual lo intento conseguir (o el medio por el cual intento ayudar en su consecución) va a ser muy distinto. Lo que yo quiero es lo que John Senior llamó la Restauración de la Civilización Cristiana. En un principio trabajaba bajo la equivocada noción de que esto se podía conseguir a través del activismo político y el debate filosófico. Ambas cosas son necesarias, desde luego, pero no suficientes.

Necesitamos urgentemente que haya católicos dispuestos a defender la Ley Natural y los derechos de Dios en la sociedad. Su labor no sólo es conveniente sino necesaria si queremos acercarnos al Reinado Social de Cristo del que nos hablan las encíclicas de los grandes Papas. Pero esta actividad, la actividad política entendida de forma estrecha como activismo partidista o en pro de esta o aquella proposición de ley o firmar alertas pidiendo la dimisión de éste o aquél político vividor y canalla, no es suficiente. Basta ver cómo avanza, a pesar de los mejores esfuerzos de gente valiente y luchadora, la revolución en España. En apenas treinta años llegó la anticoncepción, el divorcio, el aborto, el simulacro de matrimonio entre personas del mismo sexo, la mutilación genital y hormonación para oponerse a la biología (pagado por la seguridad social); por no hablar de males económicos que son incluso anteriores en sus orígenes como lo es un sistema monetario fundado en el fraude y la usura, el olvido de principios básicos como la justicia social entre lo que llaman la derecha y su aplicación torticera y desnaturalizada entre lo que llaman la izquierda. Querer defender aquél entramado de ideas, familias, asociaciones, y bienes privados y comúnes que llamamos la Cristiandad o la Civilización Ecuménica Cristiana a través de la legislación y la acción política cuando ha desaparecido prácticamente como realidad social es absurdo.

La cristiandad llegó a las leyes y gobiernos de Roma depués de que ya llegara a una parte determinante de la población. Si queremos volver a los días en los que los emperadores, por muchas faltas personales que tuvieran, buscaban proteger el Bien Común de la sociedad teniendo en cuenta su fin último y la subordinación de la autoridad terrenal a la espiritual entonces tenemos que construir una sociedad que lo reclame. Si acaso una sociedad que entienda qué demonios quiere decir aquello del bien, que lea al padre Edmund Waldstein O Cist. hablar del Bien, el Sumo Bien y el Bien Común y entienda de qué va la cosa; una sociedad que no esté tan alejada de la realidad que pueda ver razonable discursos como el de los animalistas cuando defienden que los animales y los humanos tienen el mismo valor, o los liberales que dicen que el bien común no existe, sino que sólo hay un cúmulo de bienes privados, o el de los socialistas que identifican el bien común de una sociedad con circustancias de mera igualdad material.

Para todo esto no es necesario irse al campo, claro está. Para esto basta con intentar hacer vida familiar y económica en consonancia con la Doctrina Social de la Iglesia. Es decir, para ello basta con ser distributista. Pero si el distributismo no se reduce a agrarismo, el agrarismo si que es la expresión más auténtica e inmediatamente realizable del distributismo. Es más fácil dejar de concebir el trabajo como algo separado de la familia que sólo tiene relación a ella en tanto que fuente de ingresos para la misma si el trabajo está en la misma casa. Es más fácil ver la relación que tiene uno con la creación y con los semejantes cuando depende de ellos y contribuye a su crecimiento y bienestar; cuando se ve de primera mano que todos estamos estrechamente interrelacionados. Es decir, es más fácil cuando ves que si hay sequía no hay acelgas y si no hay acelgas se te enfada el paisano que te las quería comprar; o cuando ves que el trabajo que te tomaste para criar bien al cerdo se traduce en una buena matanza y el loas a tu chorizo. Es más fácil, cuando se trata de un dato primario, enseñar todo esto a tus hijos y formar una familia fuerte (y quiera Dios esté en mi futuro) y así formar el sustrato base de una próxima Civilización Cristiana. Es cierto que no es necesario que todo el mundo se vaya al campo, pero si que es necesario que alguien lo haga (con preferencia muchos); y yo me siento llamado a ser quien lo hace. No digo que sea una vocación, no porque lo sea menos que la de un médico, policía o bombero sino porque creo que se abusa de la palabra; pero sí digo que no concibo mejor manera de cumplir con mi vocación como católico consciente que ésta.

Volviendo a nuestra meta-conversación sobre esta bitácora, mucho de lo que veréis en adelante seguirá las pautas de lo que acabáis de leer (las opiniones sobre cosas en las que no soy experto), pero éstas entradas serán menos numerosas. Lo que más se verá por aquí son los pequeños proyectos, intentos exitosos y fallidos, jaleos administrativos, percances e hitos que vaya habiéndo en la formación del Rancho de San Ysidro. Intento dar a este proyecto un toque de realismo fordesco. No soy el primero en querer hacer esto, y tengo que aprender de quienes me preceden. La bitácora del Nuevo Movimiento Católico Agrario de Kevin Ford dará una idea de lo que digo. Hay una tendencia a plantearse estos intentos como si se viviera en un cuento de hadas, olvidando que en los cuentos de hadas hay dragones, orcos y otros peligros al acecho. No se construye una civilización con declaraciones grandilocuentes de intenciones, sino primero poniéndo comida en la mesa y tratando con nuestros semejantes. Una vez se logre eso, lo demás se dada por añadidura. Pluge a Dios que lo logre con la ayuda del ejemplo tanto de Kevin como de mi tío Juan, que ya ha hecho algo similar, y la de tanta gente ante cuyos pies me pondré para aprender en esta iminente aventura como aprendíz de campesino.

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4 comments on “El Rancho de San Ysidro
  1. Es un honor conocer a gente como tú, Álvaro. Espero que algún día, tras ayudarte en tus faenas, podamos terminar la jornada fumando nuestras pipas y admirando la belleza de Llamera. Tienes presencia constante en mis rosarios.
    Que Deus che teña no seu colo.

  2. […] Y gracias a la amable hospitalidad de Álvaro y su linda familia, pudimos disfrutar de unos días maravillosos en el pueblo de León donde en breve él va a iniciar una difícil pero ilusionante etapa. La cual podremos seguir desde la distancia a través de su blog. […]

  3. El Rancho debe continuar.

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